lunes, 23 de enero de 2012

O b j e c t s & +
































sábado, 21 de enero de 2012

Pequeño momento fotográfico

Click aquí para ver video

¿Cómo percibía Aires Buenos el año pasado?
Estímulos visuales

Festejo del Bicentenario
Este es un fragmento con fotografía
de esos momentos...
Mis sensaciones internas
,
otras entonces...
Cuando camino
Algo descubro.

Al mirar el pasado,
me pego a
la nostalgia.
lo espontáneo del primer momento.
me seduce...
Ahora mis preguntas son otras.

No son peores, ni mejores...
Mutan
Una maraña
envuelta
en un ovillo de lana

Me aventuro a desenvolver...

martes, 10 de enero de 2012

Expo On Line...Recordando la marcha "Nunca Más" A 34 años del Golpe - Baires 2010

Encontré este material en mi compu muy guardado y me anime a publicarlo...Están invitados a mirar esta pequeña EXPO ON LINE de fotografías que hice en Baires en marzo del 2010. NUNCA MÁS a 34 años del Golpe es el nombre que recojo de la marcha para esta pequeña muestra de momentos....Recuerdo que aprendí en mi léxico la palabra PIQUETE que en mi país sería una huelga...Congreso es la zona principal de los mismos. Un lugar al que llama el pasado con intensidad... Los gritos de protesta se suspenden en oídos sordos...Palabras que se esfuman en el viento y agrietan las gargantas...Esta marcha era en memoria de los hechos cruentos sucedidos en Argentina hace 34, ahora 35 años de la dictadura militar. Para que nunca más se repita la desaparición forzada de más de 30.000 personas.
Para mí se vuelve un momento para reflexionar sobre lo recurrente que somos con nuestra historia frente a los atropellos sociales...Una situación que nunca acaba...¿Será que algún día podremos vivir en una sociedad más justa y solidaria? Dónde los piquetes no hicieran falta ¿Un sueño o utopía recurrente...?
























































miércoles, 4 de enero de 2012

El Paradigma de un árbol

Los árboles
¿No hablan como hombres?
Permanecen en un
silencio testimonial...
cada uno, único...

el árbol
¡Qué triste tu mutilación!
Te cortan los brazos, los pies
con arrogancia los hombres...
Te cortan tu sabiduría y longevidad
9.550 años, la edad del más viej
o

árbol

¿Cuánto sabes de nosotros?
Ser de luz
con poderes
telepáticos...

y garras de tigre...

¿Sin nombre propio?
No lo entiendo

La próxima vez dime

el tuyo...
by Nadia


Acá van unas fotos de algunos árbolitos

que viven en Chacabuco. Un lugar precioso
Algun adulto con sentido común no dejará que los corten...









domingo, 28 de agosto de 2011

Niebla

( Buenos Aires, 27 de agosto 2011)

7.45

Un viento extraño me empuja
laguna de niebla espesa
gotas de agua
latigazo al pavimento
invisible me vuelvo
espesura blanca
murmullos de voces
viento
sopla
la Niebla
en cristales
rotos
(pausa)

7.46
carta rota.
enteramente conciente
ángeles
lloran
los escucho
me gritan
al oído
me dicen palabras
cortas
rotas
cortas
rotas
palabras cortas
palabras rotas
rotas
rotas
rotas
No entiendo
el aire se suspende
y escucho
sus susurros
de cristal

Ellos juegan
con sus manitas
al azar
Soplan
Soplan
Soplan
Antes de jugar

Rota
rota
corta
corta
Juegan
Juegan
Al azar

Me hacen cosquillas
Quiero saltar
Me hacen gritar
Ángeles mírenme jugar
Con el viento
Y el azar

Se ríen,
me río
Son traviesos
Me hacen cosquillas
Ángeles
traviesos
de cristal
libres para volar
juegan conmigo
al azar

7.47

Mis manos se parten
parten
parten
Una grieta
un volcán
Buscan mi mano
¿Qué comer?
comer
Comer

Les digo
No hay nada
Nada que comer
Solo
¿Sincronía?
¿Levedad?
¿Ironía?
¿destino?
y felicidad

lo siento,
ahora lloramos
juntos
lágrimas de cristal

7.48

Memoria
olvido
memoria
olvido.
Me susurran
Otra vez
con lento crepitar
parten en
dos la
memoria
de cristal

Siguen
susurrando
Fragmentos
los ángeles
con
alas
de cristal

7.49
Niebla camino
y no me ven
No se ve nada
¿O se ve?
¿Los has visto?
Te pregunto
¿Los has visto?
Se ve o no se ve
Creo que se ve
Si, se ve
¿Sincronía?
¿Levedad?
¿Ironía?
¿destino?
felicidad

Ángeles
Amárrenme
las manos
en esta
Noche
de niebla
Para volar
En este
vuelo de cristal
Destino
Espejo
Destino
Doble
Doble
Reflejo

(Pausa)

7.50

Niebla
Abismo
Corazón
Tempestad

Breve crepitar
Ulises quiebra
el pavimento
con su baba
de cristal
(pausa)

7.50

Los ángeles cierra los ojos
No sé
¿Será?

Se cortan las pupilas
con vidrios
Viento
sopla fuerte
No estas
Más fuerte
Y no estas
Más fuerte
Y no estas
Más fuerte
¿Vas a llegar?
Dime ¿Vas a llegar?
No puedo esperar más
(silencio)

Coro
Lágrimas
de cristal

7.51

Un golpe
fuerte
fuerte
fuerte golpe
Se trisa la brisa
se trisa el parabrisas
Y el mundo se paraliza

¿Se paralizó en realidad?
No sé
¿Será?
La niebla espesa
no me deja volar

Me estrello
y escucho
una carcajada
de cristal.
Los vidrios
se me incrustan
en las alas
mi pecho tibio
mi sangre caliente
se derrama
en tus manos
Una vez más
Una vez más

Minutos
o horas más
tarde

¿Quién sabe?

Incrustada
me quedo en
en tu parabrisas
de cristal

En una noche
de ausencias

Mucha
mucha
niebla

Por Nadia Rosero

viernes, 29 de julio de 2011

LOBA HERIDA

(Buenos Aires, 05 de julio 2011)
Fragmento 1

Mira el mundo. Acto de furia...

brutalmente se desconecta del árbol…

Su cuerpo se abre...

Dos partes, cabeza loba brillante...

Ojos luminosos ...

Mira el mundo...

Acto de furia...

se desconecta del árbol…

Su cuerpo se abre...

Dos partes, cabeza

loba brillante...

Ojos luminosos

Acto de furia...

se desconecta del árbol…

Su cuerpo se abre.

Dos partes,

Ojos luminosos

corren

corren

sin
parar…

Cuerpo antiguo

se queda en el piso.

Cáscara

fruto marchito.

corren
sin
parar…

corren
sin
parar…

Perdido en el piso.

Cuerpo de loba...loba...loba

Mujer

loba

mira

de

reojo

su cuerpo sin parar

Cuerpo de loba...

Mujer

loba

mira

de

reojo

su cuerpo sin parar

su cuerpo sin parar

se detiene

pocos segundos...

(SILENCIO)

Recuerda

se olvida.

Huye corre,

corre, sin parar...

Nada
detenga.
Agua
desnuda....

Nada
con los peces.
Con los peces de la nada.
Nueva piel, nuevo lugar...

Espacio.
Picotea
agua.

Sumergida acuosa
Delicada, infragante,
pesada, acuosa.
Fluye,
fluye líquido...
Líquido cae.

Viento acuoso cae.
Suave piel
cae
cobija agua.
Chapuzón
cierra la nariz
y abre la garganta.

Respira agua.

agua.
agua.

agua.

Respira
aire.
aire.
aire.

Respira el respiro.

Sumerge en el agua.
respira agua.
Fluye
cabellos flotan
Sol
brilla
interior
Peces colores sin parar
ventana del mundo.

(silencio)

Por Nadia Rosero




lunes, 30 de mayo de 2011

Margarita Vidal viaja en el Subte B

Por Nadia Rosero
(31 de mayo, Buenos Aires, 2011)

Me dicen Margarita Vidal tengo veintidós años nací en el ochenta y nueve. Mi cuerpo es delgado y alargado parecido al de una Jirafa. Mis cabellos son negros, rizados, mis ojos color miel. Hoy me levante de la cama temprano. Voy al baño, me lavo la cara, me cepillo los dientes, me miro al espejo para reconocer un pedazo difuso de mi misma. Entre dormida, despierta agarro la llave de casa y salgo a la calle. Aturdida en pijama camino por las calles de Buenos Aires. Mi pies desnudos se mezclan con los vidrios del suelo. Siento el polvo de las calles, el olor a mierda de perros, pequeñas lagunas de agua mojan la superficie de las veredas. Paso por el kiosco sin muchas ganas de nada, me detengo en la vitrina de la librería para ver los ejemplares nuevos. Ahora estoy cerca del almacén de ropa interior femenina. Sería bueno renovar el ropero, pienso. Una música espontánea llega a mis oídos cuando veo los acetatos de Gardel más adelante. Me acuerdo por momentos de Ángel. Mi pijama transparente, mis piernas alargadas. Camino sin saber a dónde ir. La brisa me transporta a una calle de semáforos coloridos. El sonido de vehículos es estridente. Sombras de personas ausentes pasan continuamente. Detengo mis pasos, el aire me suspende entre la calle y los edificios. El bullicio de letreros me aprisiona los ojos. De pronto mi mirada se congela en una figura masculina, huesos delgados y largos, camiseta roja y rizos cortos. Es tan parecido a Ángel, pienso. La prisa lleva al individuo lejos a cada paso que da. Sus pies flotan con cierta musicalidad. Gira por una esquina cercana. Lo sigo sigilosamente con cierto temor y ansiedad. Mi corazón late fuerte. Sigo viendo su espaldas. Entra a una panadería, le espero. Sale con una funda blanca plástica, parece pan ¿Quién sabe? Siento pudor por esta situación. Mi mano se queda suspendida en el filo de la ventana del Cabo café de la esquina. Giramos en círculos. Cruza la calle con ligereza, el semáforo está en verde. Los vehículos aceleran su paso sin dejarme cruzar. La imagen de Ángel es lejana, fría y distante. Cada latido de mi corazón, un segundo más lejos. El sigue en línea recta, lo miro de lejos. Y mis pies me aprisionan al cemento ¡Cruzar sería un suicidio! Otros transeúntes esperan igual que yo. Espero, no con la misma impaciencia. ¿Como decirle a Ángel que no se aleje? Un grito silencioso se me atora en la garganta y estrangula mi esperanza ¡Maldito semáforo, cambia de color! Por fin puedo cruzar cuando el muñequito de piernas abiertas cambia a un blanquecino pálido. Un animal salvaje se apodera de mi. Corro, como si fuera a cazarme esta ciudad devoradora con una flecha. Corro, corro, corro. Nadie me puede detener. Mis pies se amortiguan, casi no los siento. La calle es toda mía. Mi corazón se acelera, mi respiración es repetitiva y entrecortada. Me sudan las manos. De un frenazo me detengo. Lo vuelvo a ver como si nada. Continúo por la calle Sánchez de Bustamante. Un imán alegre me lleva hacia él. Ángel entra en una librería transita con su funda plástica; cargado de libros. Un enigma de letras lejanas y dispersas percibo de lejos. Sigue de espaldas ¿Será Ángel? Qué ansiedad la mía, aún no veo su rostro. Regresa a la calle corrientes y baja por la escalera del Subte B de letrero rojo. Nuevamente cruzo la calle. Estoy en la entrada del subte, un joven de gorro detiene mi paso para darme una hoja para aprender inglés. ¿Aprender Inglés? Pequeñas palpitaciones de alegría me invaden, cuando sigo las huellas que deja en el piso ¡Mi pequeño Ángel! Bajo las gradas y sigo el laberinto subterráneo. No pierdo de vista su camiseta roja. Su espalda se vuelve seductora.
Llego a un pasaje largo, un cartonero duerme un sueño profundo en un colchón de penas. Un nudo de periódicos viejos lo envuelve. Sigo por la derecha, varios desayunan bocaditos de medio día con bastante placer. En el centro maniquíes mutilados, piernas boca abajo muestran medias brocadas de moda.
Al fondo veo una boletería para cargar peajes. No tengo tiempo de sacar un boleto. Distraigo a los guardias de seguridad y me paso. El dinero atora la felicidad, no tengo que dar explicaciones de mi vida, me digo a mi misma. Llego a la escalera eléctrica ¡Maldita sea, cocodrilos enormes, deténganse de una vez! Me trabo y me destrabo momentos antes de dar el primer paso. Regresan mis miedos de infancia. Me van a comer los cocodrilos. ¡Tengo miedo! Mi pies desnudos se diluyen entre sus dientes en esta escalera eléctrica. Un remolino de gente está por llegar. Al fondo, una mujer de cabellos largos lleva su bebé en brazos. Llanto incontenible de la madre por una míseras monedas, su criatura amamanta un biberón de Coca cola. Cargo de conciencia interior, sentimiento de culpabilidad. Cierro los ojos, bajo. Respiro, respiro llego al otro lado de la escalera. La madre y su bebé me reclaman en silencio. Llego al corredor de la parada. Ángel camina tranquilo hacia el fondo, su sombra se aleja. El corredor es largo, infinito. Iluminado de un amarillo intenso. En el centro hay un agujero lúgubre una fosa profunda… Un espejo doble refleja e invierte de norte a sur a las pasajeros que esperan en el andén del frente.

Ángel está parado en el filo, con impaciencia mueve un poco su pie y mira de reojo el reloj junto a la televisión en el aire. Hablarle parece tarea imposible. Pienso, hace mucho que no veo a Ángel. Cierro los ojos y recuerdo pequeños fragmentos. Su huella húmeda en mi almohada. Su cuerpo frente al mío. Su respiración que emerge del interior de la sábana. La sensación de calor, el placer que provoca su cabeza en mi falda. Cuando se despide con una tacita de café en la mano. Recuerdo súbitamente el día en que sus lágrimas caían, la pena acariciaba su corazón. Compartía sus secretos de infancia conmigo y eso me daba tanta ternura, felicidad y complicidad. Le acariciaba en silencio con abrazos inextinguibles. Quería calmar su soledad del pasado ¿Seguro es Ángel?¿Es él, es él? El viento del destino lo trae de regreso ¿Es él que se fue, el que llega, el que está, el que aparece, el que esperaba? No lo sé. Sigue de espaldas puedo ver un cuarto de su perfil. Un sonido grave anuncia la llegada del subte. Las puertas se abren. La incertidumbre me aprisiona. Ángel ingresa al vagón antes que yo. Este atolladero me lleva de derecha a izquierda, un remolino de pasajeros con deseos de bajar y subir para llegar a casa ¿Quién sabe? Se cierra la puerta, trato de acomodarme en un espacio reducido. Un miedo gigante me paraliza estoy tan cerca. Me quedo suspendida en el aire ¿Cuál es el principio de esta película, el medio?, ¿tendrá un buen final? Finjo no verlo. El suspenso sostiene a la catástrofe… ¿Qué hago ahora? Tan cerca y tan lejos a la vez. El vagón se detiene en Uruguay. El tiempo es un halo de confusiones intermitentes. Se bifurcan el pasado con el futuro, cada vez que se abre y se cierra la puerta. Los kilómetros se reducen a centímetros ¿Será o no Ángel? Se vira para sentarse. Estamos en Callao. Veo su rostro al fin entre la multitud de cuerpos que se tambalean a su alrededor. Una lágrima nubla mis pupilas. Ligeras gotas invisibles caen. No quiero que mire mis ojos de animal degollado, frágil y sensible. Un laguito de agua se forma en el suelo. Me orine. El está tan seguro de si mismo. Dudo que me reconozca, hace tanto tiempo que no lo miro. Ahora paramos en Pasteur, la anciana de joroba y canas luminosas con su bolsito se baja lentamente. El lugar queda vacío, unas maripositas recorren mi barriga. Me siento y simulo no verlo, ¡ Otra vez! Lo percibo con el rabillo del ojo. Su respiración y cercanía me produce calor. El está obnubilado en sus pensamientos. No tiene curiosidad por mí. El calor envuelve nuestros cuerpos en una burbuja de cristal imperceptible. Estamos en Pueyrredón, miramos al frente como fantasmas. Quisiera golpearle al viento para sacarlo de ese lugar. Noto levemente que ha envejecido. Estoy más cerca de lo que piensas, le digo en un conjunto de palabras silenciosas que no salen de mi boca ¡Recelo total! Permanecemos juntos en este viaje subterráneo de personas que cambian continuamente ¿ Cambiaríamos nosotros? De Medrano llegamos a la parada de Ángel Gallardo. Las puertas se abren nuevamente. El mundo se mueve en cámara lenta. Una lluvia de balas rebota contra los metales, agujeros de fuego se dibujan en los cuerpos de ángeles que caen de los techos. Se estrellan como fichas de ajedrez. Intento reconocer sus rostros, no lo logro. El sonido taladra mis oídos. A través de la ventana veo una cueva negra entrecortada. Una tempestad de alfileres venenosos nos picotean con ansiedad el cuerpo para dejarnos secos y sin aliento. Me pongo como escudo para protegerte. Ángel me mira abruptamente las palabras no le salen de la boca. Una mirada dubitativa se suspende en el espacio. Rebotamos en una colchoneta de vida y muerte, pequeños espasmos. Mi cuerpo se debilita arrastro sangre por las paredes. Soy una muñequita fragmentada de sangre caliente que se coagula. Mis labios se ponen morados, un leve temblor se apodera de mi boca, las vellosidades de mi brazos se paran de punta. Mis ojeras evidencian palidez, la azúcar de mi cuerpo baja. Miro a Ángel que se desvanece, capullo herido en mis brazos, ave frágil sin hogar. Apenas puedo tocarle. Caigo en un espasmo final a su lado. El vagón sigue detenido. Unas manos violentas arrastran nuestros cuerpos. Pierdo la conciencia. Abro los ojos son las 3.30 de la mañana todo sigue oscuro. Sigo en la misma habitación. Un vientecillo helado recorre mi cuerpo ¡Pesadilla infernal! Me tranquilizo cuando toco los cabellos de Ángel. Está dormido en mi cama y sigue enseñándome su espalda.